DESGARGA TU EJEMPLAR

Cerebros, Batas y Pipetas:

nuestras mejores armas para combatir la COVID-19

Yara Rodríguez Zabala

  • Twitter

@rz_yara

Han pasado alrededor de dos meses desde que los países empezaron a cerrar sus fronteras y aislar a su gente. En marzo y abril, más de tres cuartos de la población mundial vivió un tipo de aislamiento y mayo la mayoría de países se sumaron a esta tendencia. No hay duda de que el mundo ha cambiado. El tiempo se ha vuelto relativo y el espacio limitado. El coronavirus ha distorsionado nuestras vidas por completo.

 

Nuestra esperanza está depositada en la ciencia. Esperamos ansiosos por la noticia de una vacuna o una cura contra este virus, algo que ponga fin a esta situación. – ¡Que se apuren los científicos para que podamos volver a la normalidad! – repetimos un par de veces al día. Los y las científicas son las nuevas celebridades y la demanda por más recursos e información científica, son la práctica común en estos días. Esto es ciencia en tiempos de COVID-19 y la realidad apremia.

 

Lamentablemente, el tiempo es, muchas veces, el recurso limitante en un avance científico. La ciencia avanza a prueba y error y, por tanto, se requiere de numerosos intentos para alcanzar el éxito, los cuales se traducen en años de trabajo. Acelerar el proceso de investigación compromete la calidad y la robustez de sus resultados. Por lo tanto, debemos tener paciencia, ya que no queremos que la solución, por ser apresurada, cause más daño que el problema en sí.

Esto es especialmente cierto cuando se trata del sistema inmune, cuya función está finamente regulada. Un paso en falso podría hacer que la vacuna agudice los efectos del virus, en lugar de protegernos contra el mismo. Necesitamos que el tiempo y la buena suerte se alíen para que podamos tener una vacuna lista para el 2021. Esto no significa que los esfuerzos coordinados que se están realizando no vayan a darnos una solución, es sólo que nuestras expectativas deben adecuarse a la realidad.   

 

Sin embargo, no deberíamos esperar a una vacuna para valorar los avances científicos como un bien colectivo. Basta con observar nuestro día a día para darnos cuenta de esto: el internet, los aviones, las aspirinas, etc., son todos frutos de la ciencia. Usamos nuestro conocimiento en laboratorio vestidos con una bata y portando nuestra mejor arma: una pipeta. Esta es una herramienta que usamos para mezclar compuestos y reactivos para poder crear lo que hoy esperamos, en este caso, una vacuna. De estos frutos depende ahora nuestro futuro. Por lo tanto, como sociedad, debemos valorar el trabajo que realizan nuestros científicos y científicas. No miremos a otro lado cuando se hagan recortes en ciencia y tecnología. Al contrario, exijamos que se haga más investigación, especialmente, en áreas que potencialmente pueden desencadenar desastres en la naturaleza.

 

Un argumento común es que no existe dinero para la investigación. Sin embargo, esta pandemia nos enseña que la prevención es menos costosa en términos económicos y sociales. Si hubiéramos invertido hace cinco años, 1% de todo el dinero que se ha perdido durante esta crisis, seguramente estaríamos en una mejor posición hoy. Ese dinero podría haberse invertido en la investigación de nuevos métodos de diagnóstico basados en la tecnología de CRISPR (una nueva y prometedora herramienta en el campo de la ingeniería genética que, entre otras cosas, permite editar el genoma humano) , vacunas de ARN (Ácido Ribonucleico) o en mejorar la capacidad de detectar otros microorganismos con el potencial de convertirse en pandemias. Esta investigación nos hubiese ahorrado lo que más necesitamos ahora: tiempo.

También es importante entender que los mayores desafíos que enfrentaremos en el futuro, como humanidad, podrían tener impactos aún mayores que la COVID-19. El cambio climático, las pandemias y las súper bacterias (tan resistentes que ni los antibióticos más fuertes pueden con ellas), no pertenecen únicamente a la ciencia ficción, son amenazas reales.

 

Una vez más, la ciencia jugará un papel fundamental para que podamos prevenir o, al menos, llegar mejor preparados para enfrentar estos desafíos. Esto requiere un acuerdo global que facilite la creación de instituciones que promuevan la investigación colaborativa en temas críticos para el futuro de la humanidad. Como ciudadanos, debemos apoyar la inversión en ciencia y tecnología al elegir gobiernos que promuevan y valoren el conocimiento científico. No dejemos que el próximo desafío nos tome por sorpresa. Apostemos a nuestra mejor aliada para combatirlos: la ciencia.   

Catálisis Revista Digital

Somos pioneros en la divulgación de biociencias en Ecuador y Latinoamérica.

Email: revistacatalisisecuador@gmail.com

Teléfono: (+593) 99 515 0358 / (+593) 98 462 7152

Locación: Quito - Ecuador

© 2020 Todos los derechos reservados Catálisis Revista Digital