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Tecnología y Estado en tiempos de COVID-19

Pablo Jarrín-V.

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@jarrin_v

¿Debe ser el Estado la principal fuente de fondos para el desarrollo de ciencia y tecnología o es el sector privado quien debe hacerse cargo?

 

Previo a la segunda guerra mundial, en EE. UU., el financiamiento de la ciencia dependía de la industria, filantropía y presupuestos de las universidades.

En Europa, la revolución industrial se produjo por el esfuerzo individual de emprendedores y empresas privadas (Ridley 2016). Guinness, constituida en el año de 1759, es una industria centenaria y una de las productoras de cerveza más grandes y célebres del mundo. Ya en el siglo XIX, esta empresa mantenía la política de incorporar a los mejores graduados de las universidades inglesas. Fue gracias a la inversión de Guiness en investigación y desarrollo, en búsqueda de recetas y métodos de producción más eficientes y baratos, de su generosa política de pagar salarios por investigar y extender años sabáticos; que William Gosset inventó los métodos matemáticos que hoy son los cimientos fundamentales de la estadística inferencial moderna.

 

Las dos guerras mundiales aceleraron la competitividad tecnológica con las naciones enemigas y así se establecieron centros estatales de investigación dirigidos al desarrollo de tecnologías como óptica, radares, enfermedades tropicales y el Proyecto Manhattan para el desarrollo de armas nucleares. Desde entonces, los Estados han desempeñado un papel fundamental en el financiamiento de tecnologías que han transformado el mundo.

¿Qué hacen los gobiernos del mundo y las empresas privadas frente a la COVID-19?  Hasta la actualización de abril de 2020, el gobierno de Canadá ha invertido $54.2 millones para financiar 99 proyectos de investigación, como parte de una iniciativa más grande de inversión en investigación estatal de $275 millones (Canadian Institutes of Health Research, 2020). El gobierno de Reino Unido ha destinado un total de €20 millones para financiar seis proyectos de investigación que permitan la detección, manejo y reducción de la pandemia; además de destinar una inversión adicional de €30 millones para el Instituto Nacional de Salud y €10 millones para el sistema nacional de salud pública (Government Digital Service , 2020).

 

Estados Unidos, a través de un primer paquete de leyes impulsado por el congreso, ha destinado una inversión de $826 millones para el desarrollo de tratamientos, vacunas y pruebas. Si se considera la inversión que viene realizando desde el 2002, con los primeros brotes de enfermedades asociadas al coronavirus, el aporte de los EEUU en investigación llega a 1.5 billones de dólares. El Instituto Nacional de Salud de este país (NIH por sus siglas en inglés), destina una inversión anual cercana a los $41.7 billones para investigación médica. Este enorme aporte estatal, se distribuye en 2 500 instituciones de investigación, incluyendo universidades, escuelas médicas y centros de investigación que funcionan con financiamiento público (Lane 2020).

Como menciona Matthew Lane en su artículo en la revista Slate (Lane, 2020), el aporte estatal para resolver los problemas de salud puede ser cuantificado en el número de nuevas drogas desarrolladas con inversión de este tipo. Un estudio científico, publicado en la prestigiosa revista "Proceedings of the National Academy of Sciencies PNAS", determinó que cada droga de las 210 aprobadas en los EEUU, entre 2010 y 2016, iniciaron de investigación financiada por el Instituto Nacional de Salud (NIH) (Galkina 2018). Otro estudio sugiere que un número importante de drogas, descubiertas y patentadas con financiamiento público, incluyeron 36 nuevas moléculas para tratar enfermedades infecciosas (Stevens 2011).

Existe una notable asimetría entre el aporte estatal para la investigación en salud, y desarrollo de nuevas drogas, y el rol del sector privado, cuyas inversiones por año se estiman están entre $2.8 billones y $314 millones (cifras inexactas por el sigilo que mantiene dicho sector sobre sus finanzas). Este es un monto que representa, a lo mucho, el 6% en comparación con la inversión estatal (Lane 2020).

Ecuador tuvo una reducción consecutiva en inversión en salud pública, por cada año (2017, 2018 y 2019), de al menos el 34% (Ministerio de Economía y Finazas, 2017-2019). Una sociedad consciente de que la productividad y la riqueza dependen del conocimiento, necesariamente, establecerá sistemas estatales y privados que beneficien y fortalezcan la investigación científica y el desarrollo tecnológico; productos de la creatividad humana que salvan vidas e incluso, como hoy frente a la COVID-19, civilizaciones.

Referencias:

Canadian Institutes of Health Research. (2 abril 2020). Government of Canada: Government of Canada funds 49 additional COVID-19 research projects. Recuperado de https://www.canada.ca/en/institutes-health-research/news/2020/03/government-of-canada-funds-49-additional-covid-19-research-projects.html

 

Galkina, E. et al. (2018). Contribution of NIH funding to new drug approvals 2010–2016. PNAS.1715368115

 

Government Digital Service  (23 marzo, 2020). Gov. UK: Press release Vaccine trials among recipients of £20 million coronavirus research investment [Comunicado de prensa Ensayos de vacunas entre los receptores de la inversión de 20 millones de libras esterlinas en investigación sobre el coronavirus]. Recuperado de https://www.gov.uk/government/news/vaccine-trials-among-recipients-of-20-million-coronavirus-research-investment

 

Lane, M. (2020). The Government Needs to Know What Drug Companies Will Spend on COVID-19 Research. Future Tense, Revista Slate, Marzo 26, 2020.

 

Ministerio de Economía y Finanzas (2017-2019). Estadísticas Fiscales: Plan anual de inversiones de los años 2017, 2018 y 2019. [Página web]. Recuperado de https://www.finanzas.gob.ec/plan-anual-de-inversiones/

 

Ridley, M. (2016). The Evolution of Everything: How Ideas Emerge. Harper-Collins, New York.

Stevens, A. J. (2011). The Role of Public-Sector Research in the Discovery of Drugs and Vaccines. North England Journal of Medicine 364:535-541.

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