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La salud mental en tiempos de COVID-19

María Esther Guevara

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@matiguevarab

Las emergencias, independientemente de su origen, causan impactos significativos a nivel individual, familiar, comunitario y social. Uno de los más relevantes, ocurre a nivel psíquico y emocional en quienes atraviesan este tipo de situaciones, generándose efectos negativos a corto y largo plazo en la salud mental de las personas si no se les brinda atención oportuna.

La Organización Mundial de la Salud (2013) señala que, la salud mental se relaciona con el bienestar físico, mental y social que no está determinada únicamente por la ausencia de enfermedad o de padecimientos mentales, sino que la conforman un conjunto de factores psicológicos, sociales y biológicos; que dan cuenta de la capacidad de las personas para hacer frente a cualquier situación, desde lo individual a lo comunitario.

La actual emergencia sanitaria ocasionada por la COVID-19, hace que las personas se preocupen por su salud mental. A partir del aislamiento preventivo, que se dispuso como medida para reducir los contagios en los países afectados, han surgido diversas reacciones psíquicas, emocionales y conductuales, las cuales captan la atención debido a las dificultades que se experimentan.

El nivel de afectación podría aumentar conforme pasan los días en cuarentena. Sin embargo, cabe recalcar que las reacciones ante este tipo de crisis son diversas, es decir, que cada individuo va a responder de acuerdo con sus mecanismos personales de afrontamiento, sumado a su experiencia de vida y factores sociales, políticos, económicos y ambientales.

 

Efectos como la tristeza, sensación de pérdida de libertad, cambios en nuestros hábitos de alimentación y sueño, miedo de contagio, angustia, desorganización, dificultad para concentrarse y empeoramiento de enfermedades preexistentes. Así como, también, el aumento de consumo de sustancias como alcohol, tabaco o medicamentos sin prescripción, e incluso deterioro de las relaciones familiares e interpersonales, son manifestaciones que no corresponden a enfermedades mentales, sino que son respuestas esperables ante eventos de esta magnitud.

 

Pese a esto, no se debe dejar pasar por alto la presencia de los efectos antes mencionados, ya que minimizarlos o no prestarles atención, podría desencadenar escenarios que perdurarán en el tiempo y conllevarían a padecimientos mentales severos como depresión o trastornos de ansiedad, entre otros.

En el contexto actual, puede resultar difícil mantener una rutina organizada en el día a día. Ante los cambios suscitados con información, autodeterminación y voluntad propia pueden emprenderse acciones como actividad física, alimentación equilibrada, horarios para diversas responsabilidades o tareas, actividades de ocio, evitar la sobreinformación, y búsqueda de apoyo en personas de confianza o personal profesional si las emociones abruman, como mecanismos para fomentar el cuidado propio.

El autocuidado tiene relación directa con la salud mental, un derecho esencial para el bienestar y desarrollo de las personas. Por lo tanto, es un aspecto que debe ser atendido a lo largo de la vida y que, además, debe ser apoyado por un sistema social y de salud apropiados.

 

Se debe tener en cuenta que, una vez superada esta pandemia, la exposición a factores de estrés será continua. El futuro acerca de lo que sucederá a mediano y largo plazo en relación con la COVID-19, genera incertidumbre puesto que se desconoce el alcance real de su impacto. En ese sentido, mantener prácticas permanentes para el autocuidado, propiciarán capacidades de afrontamiento más adecuadas y los efectos tendrán menor repercusión en futuras crisis.

 

La COVID-19 y sus implicaciones han puesto retos para la humanidad. Principalmente, nos invita a repensarnos como sujetos, a cuestionar nuestro estilo de vida, a descubrir nuevas formas de interrelación con los otros, con el medio ambiente y la importancia de lo psíquico, social y comunitario. Las decisiones y las acciones determinan nuestro futuro.

Referencias:

Ferro, R.O. (2010). Salud mental y poder: Un abordaje estratégico de las acciones en salud mental en la comunidad. Revista de Salud Pública, 14(2), 47-62.

 

Inter-Agency Standing Committee. (2007). IASC. Guía del IASC sobre salud mental y apoyo psicosocial en emergencias humanitarias y catástrofes. Ginebra.

 

Jaramillo, T. M. U. (1999). El autocuidado y su papel en la promoción de la salud. Investigación y educación en enfermería, 17(2), 109 -118.

 

Organización Mundial de la Salud (OMS). (2013). Plan de Acción sobre Salud Mental 2013-2020. Ginebra: Organización Mundial de la Salud. Recuperado de: http://www.who.int/mental_health

 

Villamil-Fonseca OL, Nevado-Barriga N. (2005). El autocuidado de la salud una responsabilidad asumida por otros. Umbral Científico, 7, 43-52.

Werner, D. (2010). Percepción del Burnout y Autocuidado en Psicólogos Clínicos Infantojuveniles que trabajan en Salud Pública en Santiago de Chile. Memoria de Título de Psicóloga. Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales.

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