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El origen proximal de SARS-CoV2:

una historia sobre desconfianza en la Ciencia

Diana Sofia Mollocana Yánez

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@DMollocana

El 17 de marzo, después de muchas especulaciones en torno al origen del virus causante de la COVID-19, la revista Nature publicaba su artículo “The proximal Origin of SARS-COV2”, donde se estableció que este no es un virus modificado en laboratorio. Algo que no fue aceptado por varios sectores de la sociedad. ¿Qué pasó para que una revista científica tan prestigiosa no convenciera ni siquiera a grandes líderes mundiales? ¿Cómo lograron descifrar los integrantes del equipo de investigación que realizó la publicación, que este virus no fue ensamblado con intervención humana?

Para saberlo, realizaron análisis del genoma de los principales grupos de coronavirus, así como ensayos bioquímicos. Se determinó que SARS-Cov-2 tiene dos características únicas, siendo la primera la capacidad de unirse a receptores específicos denominados ACE2. Éstos se expresan en la superficie de las células pulmonares, cardiacas, renales, intestinales y arteriales. La segunda característica de este virus es que las proteínas con forma de púa con las que se une a los receptores ACE2, tienen una región específica que se encuentra codificada por una porción del material genético del virus altamente variable. Dicha sección del genoma produce seis aminoácidos (que son los bloques o ladrillos de construcción de las proteínas), de los cuales, cinco difieren completamente de los presentes en el virus SARS-COV (el causante del SARS de 2003).

Los análisis computacionales revelaron que, si bien esta secuencia de aminoácidos hace que el virus se una al receptor ACE2, dicha secuencia no es óptima para una unión entre el receptor y el virus, algo que sí sucede en el causante del SARS. Con seguridad, es posible enunciar que la hipótesis del diseño se derrumba al considerar que un coronavirus previo sí se unía de mejor manera a los receptores. La eficiencia es una característica conservativa en el diseño, por ende, no tiene sentido decir que esta cualidad se ha obviado para diseñar a SARS-Cov-2.

Algo destacable, es que se pudo deducir que las púas del virus están formadas por dos subunidades, llamadas S1 y S2; las cuales unen entre sí mediante un puente de aminoácidos polibásicos. Es decir, que tienen como parte de su estructura muchos átomos de hidrógeno que pueden ser donados a otras moléculas. Evidenciando así, que esta región particular se una con facilidad a proteínas llamadas furinas.

Figura 1. Representación de las subunidades que componen la estructura protéica del virus SARS-CoV-2, causante de COVID-19. Elaborado por: Diana Mollocana, 2020.

Por ende, esta región tiene un rol importante en la patogenicidad del virus. Pero ¿por qué resulta importante? La respuesta es que es una característica nueva, no presente en otros coronavirus como tal, por ende, el SARS-Cov2 no se deriva de la estructura de coronavirus conocidos previamente.

Entonces ¿cómo surgió el virus?  Mediante métodos computacionales de comparación del material genético entre coronavirus humanos y de otros animales, fue posible determinar que existe un 96% de coincidencia entre SARS-Cov2 y el coronavirus RaTG13 presente en murciélagos. Hay que recordar que los primeros casos de COVID-19 fueron registrados en el mercado de Huanan, en la ciudad de Wuhan, donde se vendían y faenaban animales exóticos para el consumo humano y donde se los mantenía en condiciones deplorables de confinamiento. En el análisis, también fue posible identificar similitudes muy altas con los coronavirus de pangolines malayos que fueron importados ilegalmente a China.

Aún es pronto para determinar si el nuevo coronavirus saltó con sus modificaciones adquiridas desde un reservorio animal, o si adquirió adaptaciones nuevas una vez saltó de éstos al ser humano. Sin embargo, la generación de estas características en un laboratorio es improbable debido a los factores descritos anteriormente.  La emergencia de una pandemia por coronavirus no es algo nuevo en la historia y no es más que un reflejo de los malos hábitos de tratamiento y manejo de la vida silvestre. Algo que varios sectores científicos ya habían advertido. Sin embargo, no fueron escuchados.

¿Por qué cuando las personas de ciencia advirtieron sobre este factor de riesgo no fueron escuchados y ahora se los culpa? La sola respuesta es la falta de interés de los tomadores de decisión en promover una cultura científica en la población. Por ello, no es raro escuchar hoy en día a líderes políticos la emisión de criterios riesgosos para la salud. La falacia de autoridad está más arraigada que nunca y; si la mentalidad que tenemos como seres humanos no cambia hacia la cooperación mutua entre los individuos y las naciones, donde sean los científicos quienes participen activamente, la pandemia no será sino la antesala de más catástrofes.

Referencias:

Andersen, K., Rambaut, A., Lipkin, W., Holmes, E., Garry, R. (2020). The proximal origin of SARS-CoV-2. Nature Medicine, 26(4), 450–455. Recuperado de https://www.nature.com/articles/s41591-020-0820-9?fbclid=IwAR1Nj6E-XsU_N6IrFN1m9gCT-Q7app0iO2eUpN5x7OSi-l_q6c1LBx8-N24

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