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Los desafíos de la

educación veterinaria virtual

Kevin Madril

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El auge de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), desde hace tiempo, viene tomando fuerza y se proyecta como una alternativa a la educación presencial (O'Donoghue, 2001). Durante, la emergencia sanitaria (y posiblemente durante algunos meses posteriores) la educación virtual se ha convertido en una solución para el aprendizaje en las universidades. La pregunta es: ¿tenemos las capacidades para una educación virtual accesible para todos? y ¿Cuáles son sus ventajas y limitaciones?

Frente a la educación tradicional situada en el aula, esta nueva forma de educación tiene los beneficios de otorgar mayor autonomía al estudiante, mejor organización de su tiempo y ofrecer un amplio catálogo de recursos que refuerzan lo estudiado. Existen un sinnúmero de herramientas tecnológicas que utilizan entornos virtuales de aprendizaje, cuyo uso está bastante extendido (O'Donoghue, 2001; De Leng et al., 2006).

Es evidente que, en la emergencia actual, recurrir a una modalidad de aprendizaje en línea resultaría congruente y oportuno. Sin embargo, es importante señalar ciertas limitaciones en su aplicación dentro del contexto nacional y, especialmente, en carreras biológicas como la medicina veterinaria, cuyo enfoque requiere de un componente de enseñanza práctica, sea en campo o en laboratorio.

Considerando que la aplicación de este modelo involucraría a todos los estudiantes universitarios, no se puede ignorar que el último reporte del INEC (2019) sobre acceso a TIC muestra que únicamente el 37.2% de los hogares a nivel nacional poseen conexión a internet.

Por lo tanto, además de la imposibilidad de educarse virtualmente por la falta de acceso a la red, su aplicación imprevista corre el riesgo de ignorar ciertas características fundamentales que la diferencian de la enseñanza en las aulas y que afectan tanto al estudiante, como al docente. En primer lugar, la brusca transición de una clase presencial a una en línea omite el hecho de que, en la educación tradicional, los estudiantes desarrollaron una especie de costumbre que les predispone a interactuar o interesarse más ante la figura física del docente (O'Donoghue, 2001; Friedman & Deek, 2003).

Ante esa premisa, el docente tiene el reto de innovar su metodología para que los estudiantes se involucren activamente en su clase. Asimismo, ha de resolver todas las dudas que existan durante el proceso y debe fomentar el aprendizaje mediante tareas que motiven al estudiante a aprender más allá de la videoconferencia (Friedman & Deek, 2003).

En la contraparte, los estudiantes deben asumir un gran sentido de responsabilidad y organización, pues la ausencia de tutorías presenciales y de una interacción más cercana,  constantemente hacen que el docente asuma un rol de guía en lugar del clásico provisor de conocimientos. La nueva realidad supone un compromiso de autoeducación e investigación debido a la limitada disponibilidad de contacto con el profesor (O'Donoghue, 2001).

En medicina veterinaria existe un componente adicional: la intrínseca necesidad de enseñanza práctica, sea en campo, laboratorio o clínica. Para las ciencias de la vida, la educación virtual resultaría insuficiente, pues ciertas habilidades y técnicas se aprenden y perfeccionan con la ejecución presencial. Por otro lado, el diseño del curso debe ser dinámico y disponer de una amplia biblioteca que permita consultar y presentar casos clínicos o ejercicios de aplicación teórica (O'Donoghue, 2001; De Leng, et al., 2006).

La educación virtual tiene potencial para que los estudiantes universitarios avancen en su aprendizaje y utilicen el tiempo que dure el aislamiento. No obstante, para aplicarla, debe existir una planificación que logre que los involucrados se familiaricen con metodologías nuevas y emprendan una nueva rutina de estudio autónomo. Otro factor necesario es garantizar el acceso integral a internet a sus estudiantes u ofrecer alternativas para quienes no puedan conectarse. Sin ello, los resultados serán poco fructíferos y la educación será severamente afectada.

En medicina veterinaria, es evidente que enseñar una auscultación adecuada o un examen físico integral es casi imposible a través de un monitor, pero mientras dure la pandemia, se ha de procurar que el entorno de aprendizaje tenga los recursos que simulen el razonamiento y la práctica diaria, sin que esto reemplace la actividad presencial pendiente hasta restablecer las condiciones para ello.

Referencias:

De Leng, B., Dolmans, D., Muijtjens, A., & Van der Vleuten, C. (2006). Student perceptions of a virtual learning environment for a problem-based learning undergraduate medical curriculum. Medical Education, 40, 568-575.

 

Friedman, R. S., & Deek, F. P. (2003). Innovation and education in the digital age: reconciling the roles of pedagogy, technology, and the business of learning. IEEE Transactions on Engineering Management, 50(4), 403-412.

 

Instituto Nacional de Estadística y Censos. [INEC]. (2019). Encuesta Multipropósito-TIC Encuesta de seguimiento al Plan Nacional de Desarrollo (N° 01-2019)  Recuperado de https://www.ecuadorencifras.gob.ec/documentos/web-inec/Estadisticas_Sociales/TIC/2018/201812_Boletin_Multiproposito_Tics.pdf

 

O'Donoghue, J. (2001). Virtual education in universities: a technological imperative. British Journal of Educational Technology, 32(5), 511-523.

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