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Techos de cristal en la Academia:

¡A romperlos!

Por: Samantha Gordillo Suárez

En Ecuador existe un incremento positivo en cuanto al acceso a la educación superior de las mujeres: de un 40% del total de la población universitaria en los ochenta a un 55% en la actualidad (SENESCYT, 2015). Según datos referentes a la matriculación en Educación Superior, de 1990 a la actualidad ha crecido en más del triple el número de mujeres que acceden a la educación superior. (CEAACES, 2009; SNIESE, 2013 en Troya M., 2016)

 

Con estas cifras ¿Debería triplicarse el número de mujeres en cargos directivos en la academia? Si la tendencia fuese lineal, los cargos directivos deberían estar distribuidos con porcentajes similares al acceso a la universidad. En un análisis más complejo, caemos en cuenta que no lo es debido a que existen factores sociales y culturales que no intervienen en la asignación de cargos. Hoy en día, las mujeres son apenas el 35% de los cargos directivos en Ecuador (Espinosa, 2019) y, peor aún, continúan ganando un 20% menos que sus pares varones por el mismo trabajo (Zambrano, 2020). También, a pesar de la mejora en acceso a la educación, tienen un 14,2% menos de empleo adecuado que sus pares varones.

 

Es a esta imposibilidad de ocupar altos cargos o a continuar avanzando dentro de su carrera profesional para las mujeres, que Marilyn Loden (1978) la llamó “techo invisible de cristal”, debido a que no existen leyes, reglamentos o convenciones sociales explícitas que impidan a una mujer avanzar en su carrera profesional. Sin embargo, son las condiciones de discriminación estructural, así como los sesgos de género, los que frenan el avance de las mujeres en sus carreras profesionales.

¿Qué condiciones estructurales? Para empezar, las sociedades en las que habitamos se han asentado sobre formas de vida, organización, producción y reproducción patriarcales y capitalistas, donde las mujeres viven una doble explotación (Federici, 2004). Esto quiere decir, por un lado, que nuestras sociedades se constituyen sobre la superioridad de todo aquello asociado al varón y lo masculino por sobre lo femenino; lo cual se traduce en la discriminación hacia las mujeres en nombre de valores sociales y culturales que les dan, automáticamente, un menor valor.

Debido a la infravaloración de lo femenino, en nuestras sociedades, las tareas que culturalmente se han asociado con las mujeres, como el cuidado y la reproducción de la vida, son poco valoradas socialmente y muchas veces no reconocidas en su aporte económico. De ahí que, incluso la vinculación “deseada” de las mujeres al mundo del trabajo o de los estudios se haga en función de carreras asociadas al cuidado como la educación, parvularia, trabajo social, medicina, enfermería, y menos a carreras de ciencias exactas, construcción, etc.

 

Los techos invisibles de cristal están presentes en todas las carreras y en todos los ámbitos donde las mujeres se desarrollan profesionalmente y por lo tanto, también en las ciencias. Según datos de la UNESCO (2011), apenas el 30% de investigadores en el mundo son mujeres (Pessina, 2019). ¿Qué podemos hacer? Es menester la acción conjunta de la sociedad civil, las redes de investigación y divulgación científica, academia, así como la articulación de políticas públicas integrales.

 

Las políticas públicas integrales son necesarias no sólo para la incorporación de las mujeres a los espacios científicos y la academia en general, sino también para otros grupos históricamente discriminados. Hablamos de integralidad en las políticas públicas, ya que no hacen falta sólo regulaciones de discriminación positiva o de cuotas en el acceso a cargos de investigación o al financiamiento para los mismos, sino también políticas de otros aspectos como el cuidado.

 

Son necesarias políticas de cuidado y uso del tiempo, así como formas de crianza y cuidado social y culturalmente responsables, para que el trabajo del hogar no aumente la carga laboral de las mujeres, pero también para que no sean sólo las mujeres, que pueden pagar a otra persona para que realice estas tareas, quienes accedan a trabajos en la academia. ¿Existe algo similar al techo invisible de cristal en cuanto a la clase para el acceso a la academia?

Referencias:

Espinosa, K. (8 de marzo de 2019). Solo 35% de mujeres en Ecuador ocupa cargos directivos. Gestión Digital. Recuperado de: https://www.revistagestion.ec/sociedad-analisis/solo-35-de-mujeres-en-ecuador-ocupa-cargos-directivos

 

Federici, S. (2004). El Calibán y la Bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid, España. Ed. Traficante de Sueños.

 

Instituto de Estadística de la UNESCO. (2011). Women in science, UIS Fact Sheet, N° 23, 2012.

 

Loden, M. (1987). Recognizing Women's Potential: No Longer Business as Usual. Management Review. New York, EE UU. Tomo 76, N.º 12.

 

Pessina, M. (2019). Ecuador: Investigadoras en Ciencia y Tecnología atrapadas entre la invisibilización y el androcentrismo. En Impacto de las Mujeres en la Ciencia: efecto del género en el desarrollo y la práctica científica. Eds. Pessina M. Quito, Ecuador. Ciespal. pp. 29-56.

 

SENESCYT (6 de marzo de 2015). Participación femenina en la Educación Superior. Boletín de Prensa No. 066. Recuperado de: https://www.educacionsuperior.gob.ec/participacion-femenina-en-la-educacion-superior/

 

Troya, M.P. (2016). Políticas públicas de igualdad de género en educación superior: el caso de Ecuador. En Universidad Urgente para una sociedad emancipada. SENESCYT-IESALC.. Quito-Ecuador. Pp. 203-219

 

Zambrano, R. (5 de enero de 2020) En Ecuador, las mujeres siguen ganando menos que los hombres. El Universo. Recuperado de:

https://www.eluniverso.com/noticias/2020/01/05/nota/7674159/brecha-salarial-mujer-hombre-ecuador-igualdad-desigualdad

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