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Discriminación en la Ciencia:

Ausencia de modelos femeninos en estudios experimentales impactan a la salud de mujeres en el mundo 

Por: Analucia Diaz

El paciente típico con dolor crónico es una mujer de 55 años; el sujeto típico del estudio del dolor crónico es un ratón macho de 8 semanas (Mogil, 2016). Esta discrepancia nos muestra un gran problema: la representación insuficiente de individuos femeninos en los estudios médicos. Hablar sobre el rol de las mujeres en la ciencia, haciendo referencia al creciente número de investigadoras y estudiantes, se ha convertido en un tema de interés de los últimos tiempos. Sin embargo, discutir sobre su rol va más allá, ya que también incluye el papel que cumplen como objeto de estudio. Por esta razón, es pertinente centrar la atención en explicar la producción del conocimiento científico desde una perspectiva de género.

 

En la antigüedad, en estudios con seres humanos se utilizaban sólo hombres y las mujeres recibían poca atención. La idea de que los ciclos hormonales alteraran las investigaciones, era norma y se asumía que los resultados de experimentos hechos en hombres eran extensibles para el conjunto de las personas. En general, las mujeres eran incluidas solamente cuando era necesario resaltar las diferencias del sistema reproductivo. Ahora sabemos que las diferencias entre sexos van más allá, como el tamaño corporal, la proporción de grasa y músculo, las hormonas, entre otros (Díaz, 2017).

 

No sorprende que esto ocurriera hace miles de años, pero lo que sí es un tema de total preocupación es incurrir en los mismos supuestos a pesar de que la nueva evidencia científica lo desmiente. Aun hoy, en la mayoría de estudios sobre enfermedades, así como ensayos clínicos para probar nuevas drogas, se utilizan animales machos o pacientes varones (Raffio, 2019). Beery y Zucker al revisar artículos científicos descubrieron que sólo un área se inclinaba hacia las mujeres: la biología reproductiva. En otros campos de la investigación de humanos como la neurociencia, farmacología y fisiología, se inclinan fuertemente hacia los hombres e individuos masculinos. Esto ocasiona que haya un sesgo en la producción de conocimiento científico ya que la mayoría de información que se conoce está basada en un molde masculino. (Beery y Zucker, 2011).

El “descuido” de considerar mujeres en las investigaciones tiene un impacto negativo, particularmente, en su salud. En primer lugar, al sólo tener conocimiento en base a un cuerpo masculino, los doctores tienen que examinar a las mujeres como si fueran hombres, recetando tratamientos inadecuados, que pueden llegar a ser peligrosos. En segundo lugar, existen algunas enfermedades que las mujeres son más propensas a sufrir, como trastornos autoinmunes o cardiopatías, para las cuales, existe más investigación en hombres, por lo que es difícil reconocer los síntomas iniciales en ellas. En tercer lugar, las mujeres tienen un metabolismo diferente, por lo tanto, no todas las drogas o fármacos serán procesados de igual manera dentro de su organismo (Stefanick, 2017), dificultando el desarrollo de tratamientos.

El dolor es una de las áreas más estudiadas en modelos animales y en humanos. El 79% de los estudios publicados en la revista Pain, durante 1996-2005, usaron sólo a hombres, a pesar de que las mujeres tienen 1,5 veces más riesgo de padecer dolor crónico (Beery y Zucker, 2011). La ausencia de diferencias en el sexo en el diseño y análisis de los estudios ha llevado a tratamientos de un solo fármaco, tanto para hombres, como para mujeres. Por lo que, 8 de los 10 medicamentos que se retiraron del mercado entre 1997 y 2000 en EE. UU presentaban mayores riesgos para las mujeres y la falta de pruebas adecuadas en modelos animales femeninos podría explicar este resultado (Wald y Wu, 2010).

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Un ejemplo de cómo deberían evaluarse los medicamentos es el caso de Zolpidem, uno de los somníferos más populares en Estados Unidos (FDA, 2019). En el año 2013 la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de EE. UU (FDA) redujo la mitad de la dosis sólo para las mujeres, ya que ellas se demoran más tiempo en eliminarlo de su organismo, lo que les causaba mayores efectos secundarios. Por ello, ahora esta droga se vende en frascos con diferentes etiquetas, una con dosis bajas para mujeres y una con la dosis original para hombres (Stefanick, 2017).


Finalmente, la idea de que uno puede evaluar un sexo y aprender por igual sobre el otro ya no es una opción. No se puede suponer que más allá del sistema reproductivo, las diferencias sexuales no existen o son irrelevantes. Para comprender la biología de la mujer y desarrollar tratamientos seguros, hay que hacer más que estudiar a los hombres. Una parte importante de la solución pasa por cambiar el sistema de producción de conocimiento. La construcción de una ciencia más inclusiva supone en buena medida dejar de considerar sólo a los modelos masculinos como objeto de estudio universal y plantear la creación de muestras experimentales que representen a la diversidad existente en la sociedad.

Referencias:

Beery, A. K. y Zucker, I. (2011). Sex bias in neuroscience and biomedical research. Neuroscience and biobehavioral reviews, 35(3), 565–572. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2010.07.002

Diaz, C (2017).La perspectiva de género en ciencia. (en línea). Investigación y ciencia. Recuperado el 4 de agosto del 2020 de: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/sexo-gnero-y-ciencia-720/la-perspectiva-de-gnero-en-ciencia-15739

Mogil, J. (2016). Perspective: Equality need not be painful. Nature, 535, S7. doi.org/10.1038/535S7a

 

Raffio, V. (23 de Junio de 2019). La ciencia también tiene un sesgo de género que distorsiona sus resultados. (en línea). El Periódico. Recuperado el 4 de agosto del 2020 de: https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20190623/sesgo-genero-ciencia-afecta-resultados-7511209 

 

Stefanick, M (2017). Una medicina adaptada a las mujeres. (en línea). Investigación y ciencia. Recuperado el 4 de agosto del 2020 de: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/sexo-gnero-y-ciencia-720/una-medicina-adaptada-a-las-mujeres-15740

 

Wald, C. y Wu, C. (2010). Of Mice and Women: The Bias in Animal Models. Science, 327(5973), 1571–1572. doi:10.1126/science.327.5973.1571