AdobeStock_254379436.jpeg

Mujeres y ciencia

en un mundo "masculinizado"

Por: María M. Pessina Itriago

Las ciencias sociales han visto la necesidad de analizar y visibilizar las a las mujeres como sujeto productor de conocimiento para abolir las teorías naturalistas y biologicistas. Esto introdujo la discusión sobre la producción de conocimiento científico realizada por mujeres su importancia y la poca visibilización que han tenido a lo largo de la historia.

 

Para Blázquez (2011), las investigadoras feministas han remarcado las demandas de las mujeres sobre lo que piensan acerca de la vida de los hombres y ellas reconocen que ellos tienen mayores ventajas dentro del espacio público, sobre todo, cuando producen y realizan actividades que son más valoradas que las realizadas por mujeres. Esto es una muestra de la dominación masculina y el androcentrismo intrínseco que se encuentra dentro de los procesos cognitivos. Por ello, cuando las mujeres se insertan en estos espacios “masculinizados”, en ocasiones muestran una performatividad en que el género estaría sujeto a normas obligatorias, dentro un marco binario y de poder, como señala Judith Butler (2009).

¿Cómo llamamos a aquellos que ni aparecen como sujetos ni pueden aparecer como tales en el discurso hegemónico? Me da la impresión de que hay normas sexuales y de género que, de una u otra forma, condicionan qué y quién será “reconocible” y qué y quién no; y debemos ser capaces de tener en cuenta esta diferente localización de la “reconocibilidad” (Butler, 2009). 

 

Justamente esta “reconocibilidad” se aplica al ecosistema de la producción de conocimiento relacionado a la dominación de lo masculino. Estos factores fortalecen el sistema patriarcal, llevando a las mujeres a entrar a estos terrenos “masculinizados”, que tratarían de disciplinarlas.

Por otra parte, también encontramos la estrecha relación entre el conocimiento científico hegemónico y la colonialidad del poder. Como describe Quijano (2000), quien propone que los diversos procesos de dominación generan una “discriminación jerárquica”, dirigida hacia grupos considerados inferiores por su género, raza, clase y edad. Esto se suma a la experiencia social, en que los sujetos construyen, de acuerdo a una realidad, prácticas sociales dentro de un acuerdo entre lo práctico y lo cognitivo.

Mujeres marginadas

Además, la poca presencia de las mujeres en las ciencias “duras” se debe a una marginación anclada a un modelo androcéntrico que concibe al sujeto de la ciencia y de la ciudadanía portadora de ciertos valores, atributos y comportamientos que estarían alejados de la “naturaleza” de las mujeres, y que son incompatibles con la eficiencia requerida en este entorno. Esto produce un fenómeno que se ha ido naturalizando, una ciencia liderada y realizada por grupos históricamente dominantes: hombres, blancos, clase media y europeos, como señalan García y Pérez Sedeño (2017).

Las explicaciones dadas para entender la escasa presencia de mujeres en el campo de las ciencias se centran en la desvalorización del aporte cognitivo de mujeres (García y Pérez Sedeño, 2017) porque la narrativa histórica de la construcción del conocimiento, se ha centrado en las narraciones del elemento masculino y del mundo público para lograr prestigio (Veneros, 1997).

 

Finalmente, en casi todas las áreas de conocimiento, las mujeres están en posiciones de subordinación, en las que construyen argumentos para justificar su nivel secundario y no protagónico basado en su supuesta “naturaleza” de lo femenino, en un deber ser conformado por patrones sociales y culturales. ¿La ciencia es cuestión de hombres?, la respuesta es no. La ciencia es universal, incluyente e inclusiva, aunque las mujeres parecen estar sumergidas en un “habitus científico”, y a una extrema vigilancia sobre sus producciones sólo por el hecho de ser mujeres (Bourdieu y Wacquant,1995). Para cambiar este escenario, es importante normalizar la presencia femenina en la ciencia, desechar esas propuestas que refieren las acciones cognitivas de las mujeres a teorías naturalistas y reconocer que el conocimiento está atado a una conciencia ideológica que compone una realidad.

Referencias:

Blázquez G., Norma (2011) El retorno de las brujas. Incorporación, aportaciones y críticas de las mujeres a la ciencia. Centro de investigaciones interdisciplinarias en ciencias y humanidades coordinación de humanidades. México.

 

Bourdieu P y Passeron JC. (1995)  La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Editorial Laia, Barcelona.

 

Bourdieu, P. y Wacquant, L.J.D (1995) Respuestas. Por una Antropología reflexiva. Grijalbo, México. p. 191.

 

Butler, Judith (2009) Performatividad, precariedad y políticas sexuales. AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana 4,(3). Madrid

 

García Dauder, Pérez Sedeño (2017) Las mentiras científicas sobre las mujeres. Los libros de la catarata. Madrid.

 

Quijano, Aníbal (2000) Colonialidad del poder y Clasificación social. En Clasco (2000). Journal of World System Research (pp. 341-386). California: Universidad de Santa Cruz.

 

Veneros, D. (1997) Continuidad, Cambio y Reacción 1900 – 1930. En D. Veneros, Perfiles Revelados. Historia de las Mujeres en Chile. Siglos XVIII – XX (pp. 19-25). Santiago: Universidad de Santiago.