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¿Tengo algo mal en mí? Autoestigma y cómo quitarlo.

Por: José Javier Serrano Chano


Recuerdo desde muy pequeño, que cuando me llamaba la atención otro niño sentía que eso “no está bien” y que “hay algo mal en mi”, pero que “cuando cumpla 13 años se me pasará”. Luego pensé: cuando cumpla 15 años y, luego 18 años y así, hasta que acepté que no hay nada malo en mi, recién a los 22 años. Este sentimiento de que “hay algo mal en mi” vino con un sentimiento de querer compensar eso siendo “el mejor” en lo que sea. En la escuela y colegio tuve muy buen desempeño académico, pero fui muy duro conmigo mismo cuando me equivocaba. Quería mantener una imagen del estudiante perfecto, que no tiene tiempo para “andar en alguna relación”. En la universidad quería mantenerme ocupado y trabajar lo más que pueda para no tener tiempo de “estar con alguien” a largo plazo.

Estudié ingeniería civil en una excelente universidad, pero con un ambiente muy hetero-normado propio de la mayoría de carreras técnicas en el tiempo que yo estuve (al menos, así lo percibí). El salir a la luz no era una opción en mi mente. Uno siente miedo de discriminación, insultos, exclusión, calificación diferenciada, entre otros. No me sentía totalmente libre de hacer las cosas porque siempre pensaba en lo que podría pasar con el resto de personas.Este sentimiento se conoce como autoestigma.

Corrigan et. Al. (2002) define la palabra estigma como una mancha de vergüenza invisible. Esta mancha puede originarse por situaciones de deshonra por alguna situación en particular o por influencia de la sociedad que nos hace sentir como alguien que no encaja. Entonces, autoestigma es una mancha invisible que nos ponemos nosotros mismos. Esto crea una sensación de no pertenencia porque se tiene “algo” que no es aceptado por la sociedad. Según Maslow (1943), la sensación de pertenencia en un grupo es una de las necesidades básicas de los humanos después de necesidades de sentirse seguro y de necesidades fisiológicas. Si estas necesidades no se cumplen, no somos felices.

Es muy posible que varios lectores se identifiquen con este sentimiento de autoestigma, y con el sentimiento de no pertenencia a un grupo. Sin embargo, quiero reflexionar en algo. Esa sensación es autoinflingida. Todo el contexto que les cuento me volvió una persona muy reservada e introvertida. Haciendo retrospectiva, pienso que me volví así para no “resaltar” del grupo y que no comiencen las preguntas sobre mi vida personal como “¿y qué cuenta la novia?”, “¿para cuándo los nietos?”, entre otras. A pesar de haber aceptado mi gusto por otros chicos, todavía me cuestionaba el contar a la gente que me rodeaba y me mantenía muy bajo perfil. En su momento, lo vi como que eso fue bueno porque me hacía alguien muy concentrado en mis tareas.

Durante mis estudios de Ingeniería Civil tuve la oportunidad de hacer un voluntariado con los Ingenieros Sin Fronteras de Arizona en donde ayudamos a la comunidad de Pitirishka, localizada en la vía entre Puyo y Macas, a reparar un dique, un tanque de sedimentación, un tanque de filtrado y a tender una red de distribución. Además, pude trabajar con el Institut de Recherche pour le Développement en un estudio climático para generar series de datos a nivel mensual en cualquier punto de la cuenca del Río Guayllabamba usando una metodología apta para zonas de montaña. En este tiempo, tuve el valor suficiente para contar sobre mis gustos a unos cuantos amigos que trabajaban conmigo. Luego de mi graduación pude trabajar como asistente de investigación en la Escuela Politécnica Nacional en un proyecto que estudiaba los glaciares del Antisana.





















Gracias al proyecto de becas de la SENESCYT, tuve la oportunidad de estudiar un posgrado en el país de mis sueños, Australia, en donde hice una maestría en Manejo Integrado del Agua. La experiencia de haber salido del país fue difícil al comienzo, pero se volvió mejor con una simple pero complicada receta: quitarse el autoestigma. Basado en mi experiencia de vida, puedo cambiar un poco la definición de autoestigma. En lugar de considerarla una marca invisible, la consideraré como un ticket, que solo nosotros podemos ver, con una raspadita de esas que trae un premio escrito debajo. La idea es ir raspando el ticket hasta que el premio sea visible. Cada raspón al ticket representa una pequeña acción exponiéndose al mundo como es uno mismo, de una manera super convencional, sin hacerla un asunto serio. Un buen momento para hacerlo fue cuando viajé a Australia. ¡Era el momento perfecto! Nuevas personas, nuevo lugar, comienzo desde cero. Conté a varios de mis compañeros sobre mis gustos con la misma seriedad con la que contaría lo que comí en el desayuno de esa mañana y descubrí que: si uno lo hace un gran asunto, se vuelve un gran asunto.

Hice lo mismo con una entrevista para un trabajo casual que tuve en Australia, y con la gente del trabajo que conseguí y también procedí a contarles a mis compañeros de la maestría. Cada una de estas pequeñas acciones revelaba el premio del ticket más y más hasta que tuve el valor de contarle a mi familia antes de mi regreso del posgrado. Tuve la fortuna de conocer a una gran persona en Australia quien decidió venir a compartir un tiempo de su vida conmigo. Él tuvo el valor de contar a su familia sobre sus gustos, así que yo tuve el valor de hacer lo mismo con la mía. Con ese enorme paso sentí que el premio del ticket con raspadita se volvía visible pero aún no se leía del todo. Suena muy poético, pero lo sentí así. Metafóricamente, lo que podía leer era: “No tienes nada malo”. A raíz de haber dado el paso de contar sobre mi a todas las personas de mi círculo cercano, mi confianza fue creciendo y creciendo. Sentía un alivio de no tener que pretender nada y de no tener que constantemente pensar en lo que pensará el resto. El ticket se raspaba más y más.

Eventualmente conseguí un trabajo con docente en la Universidad Regional Amazónica Ikiam, en donde tuve que interactuar con varios jóvenes de todas partes del Ecuador. Una diversidad de personas se concentró en un lugar en la selva y me sentí parte de eso. Honestamente, me sentía cómodo de que mi círculo cercano conocía sobre mí, pero la idea de exponerme a las masas de mi trabajo me generaba un poco de incertidumbre. Eventualmente lo hice poco a poco. El interactuar con jóvenes mostrando que mis gustos no tienen nada que ver con mis capacidades contribuyó a crear una atmósfera de confianza en varios jóvenes que quizá se sentían igual que yo cuando fui estudiante.

Un estudiante no tiene por qué cargar con la presión extra de tener que encajar para poder sentirse parte de un grupo. Me alegra contribuir a que mi lugar de trabajo tenga una atmósfera más inclusiva y he conocido grandes personas que contribuyen a lo mismo también. Puedo dar fe que nunca recibí una muestra de discriminación de parte de ningún estudiante. La dicriminación no afecta a quien la sufre y su entorno, sino a toda la sociedad. Nos quita tiempo, energía, atención y otros recursos.

Sin embargo, muestras de mobbing de parte de un docente llegaron en un par de ocasiones sin un mayor efecto. El mobbing es definido por Duffy & Sperry (2012, p.42) como “una comunicación hostil y poco ética dirigida de manera sistemática por una persona o grupo hacia un individuo”. La palabra en inglés “to mob” puede ser traducida como oprimir, atacar o invadir a alguien. Pequeñas acciones como ignorar tu correo de reuniones importantes o denunciar una supuesta falta de asistencia al trabajo cuando estaba en comisión de servicios son muestras de mobbing. Vueltas del universo hicieron que el docente en cuestión deje la institución voluntariamente.



Actualmente, me desempeño dentro de un ambiente muy cómodo rodeado de académicos, personal administrativo y estudiantes que me hacen sentir bastante incluido. Me desempeño como director de la carrera de Hidrología, he ayudado con la creación y actualización del programa, he diseñado el programa de Diseño Urbano Sensible al Agua (WSUD) para estudiantes de Hidrología y Arquitectura Sostenible y trabajo en proyectos relacionados a hidrología urbana, agua y saneamiento y desarrollo comunitario. Me encanta la ciencia, y es más divertido cuando la puedes realizar sabiendo que no tienes una carga extra de encajar en la norma y solo ser uno mismo. Un estudio hecho por Brian A. Feinstein, Joanne Davila & Athena Yoneda (2012) explora la asociación que existe entre el autoconcepto (compuesto por autoestima, claridad del autoconcepto y confusión en la identidad sexual), autoestigma y síntomas depresivos. Mediante una encuesta anónima en línea se recopiló información de 268 participantes y se crearon índices para cada uno de los tres aspectos. Las encuestas utilizadas fueron instrumentos validados con alta consistencia (valores alfa de Cronbach mayores que 0.65). El estudio concluye que bajos valores de autoestima y claridad del autoconcepto pero altos valores de confusión en identidad sexual, tienen valores de autoestigma mayores.

Es muy probable que alguien con baja autoestima presente fuertes síntomas depresivos acompañado de una fuerte sensación de autoestigma. Esta probabilidad aumenta cuando los valores de confusión de identidad sexual aumentan. Todos estos resultados sugieren que alguien que “sale del clóset” reduce su confusión en identidad sexual, aumenta su claridad de autoconcepto, por lo tanto, aumenta su autoestima. Con este blog quiero resaltar que mi gusto por otros chicos no determinó nunca mis capacidades de cumplir con varios logros. Siempre tuve las habilidades y el potencial de cumplir, no por “mantenerme en perfil bajo” o por “compensar lo malo que tengo”, sino porque cualquier persona puede conseguir lo que quiere con determinación y un plan. En su momento quise justificar el hecho de que mantenerme introvertido me volvía alguien más concentrado en mis tareas, cuando debí verlo como que yo ya soy alguien que puede concentrarse por si solo. Y por último, siempre tuve la capacidad de tener buenos amigos y familia que me entienden y respetan, siempre consciente de que habrá gente que no y que no debí quedarme callado en el caso de mobbing.

Para concluir esta entrada blog, quiero comentar que la contribución para tener un ambiente más inclusivo en la academia (y en cualquier lugar) se potencia cuando se fomenta la normalización de la diversidad sexual. Cada pequeña acción que contribuya a la normalización también contribuye a raspar ese ticket para por fin revelar el premio completo: “No tienes nada de malo, eres libre de ser tú”.

Referencias utilizadas

Abulof, U. Introduction: Why We Need Maslow in the Twenty-First Century. Soc 54, 508–509 (2017). https://doi.org/10.1007/s12115-017-0198-6 Brian A. Feinstein, Joanne Davila & Athena Yoneda (2012) Self-concept and self-stigma in lesbians and gay men, Psychology & Sexuality, 3:2, 161-177, DOI: 10.1080/19419899.2011.592543 Corrigan, P. W., & Watson, A. C. (2002). Understanding the impact of stigma on people with mental illness. World psychiatry: official journal of the World Psychiatric Association (WPA), 1(1), 16–20. Duffy, M. & Sperry, L. (2012). Mobbing. New York: Oxford University Press. 305 p. ISBN 978-0-19-538001-9. Maslow, Abraham Harold. 1943. “A Theory of Human Motivation.” Psychological review 50 (4):370–396

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