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  • Diana Sofia Mollocana

La bioquímica y neurociencia del confinamiento

Este día jueves 20 de mayo es el último de un período de confinamiento parcial para los ecuatorianos, mismo que inició a finales de abril y que quisiera brevemente describir para aquellos lectores de otras partes del mundo. Este consistió en toques de queda los fines de semana de viernes 8pm a lunes 5 am, y durante la semana de 8pm a 5am.

Han existido diferentes tipos de personas en este tiempo, desde aquellos que prefirieron acatar las reglas recurriendo a maratones de Netflix o lectura, pasando por quienes hicieron fiestas clandestinas en grupos de familias y hasta funcionarios públicos que protagonizaron hechos lamentables en horarios prohibidos, que por si no fuera poco, también involucraron violencia.

Sin lugar a dudas, todas estas diferentes formas de responder ante una misma medida, hacen eco de la diversidad de fenómenos que pueden ocurrir en la mente de una persona ante situaciones tan únicas en la historia como las que vivimos hoy.

Podríamos pensar que en una situación tan alarmante de pandemia, todos quienes se sienten afectados, y que por supuesto, pueden permitirse el no trabajar durante fines de semana, querrían cumplir con disposiciones que los protegieran de la exposición al virus, mismo que parece no dar tregua. Tristemente, vemos que no es así. Pero esto nos lleva a preguntarnos, de forma literal y desde la mirada bio científica, ¿qué es lo que pasa por el cerebro de estas personas? ¿Qué es lo que ha sucedido bioquímicamente hablando en nuestra mente al encontrarnos confinados?


Pues bien, lo averiguaremos.


La palabra que nos define a las nuevas generaciones: ansiedad


La ansiedad es una respuesta cerebral que consiste en sentimientos de tensión, inquietud o incluso temor, heredada de nuestros antepasados. Gracias a la ansiedad, ellos se sentían ansiosos ante la presencia de tigres dientes de sable merodeando por sus asentamientos, y tomaban acción para evitar el peligro. Al día de hoy, a falta de este tipo de depredadores, existen otros grandes miedos que tanto niños como jóvenes, adultos y también adultos mayores experimentan: falta de oportunidades, acoso en redes, exclusión, soledad, falta de apoyo de entidades gubernamentales, y procesos de calamidad, especialmente relacionados con salud propia y de nuestros seres queridos.


El gran problema, es que estas dificultades ya no se vuelven parte de un breve momento, sino que son una constante de nuestro diario vivir, por lo que la respuesta ansiosa también es constante.... tigre dientes de sable ¿Quién te conoce?


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La cara de la ansiedad es la cara del sistema límbico, que involucra las partes del cerebro que regulan las respuestas fisiológicas y también las emociones. Es una de las partes más antiguas de nuestro sistema nervioso, por lo que allí vienen grabadas ya esas respuestas automáticas frente a lo que nos hace daño, o podría hacerlo. Ciertos tipos de neuronas, que son las células que constituyen nuestro cerebro, tienen de forma natural respuestas excesivas entre sí frente a estímulos, algo que se denomina la actividad paroxística, precisamente para fomentar respuestas rápidas en nosotros frente a riesgos. Una vez que pasa el peligro, un compuesto llamado ácido gamma-amino butírico entra en acción (GABA para los amigos), impidiendo que estas neuronas continúen hiper activadas. GABA ingresa a las células a través de receptores o canales localizados en las células. Ante exposiciones crónicas a fuentes de estrés o consumo desmedido de sustancias como el alcohol, pueden surgir daños a dichos receptores, por lo que existirán dificultades para que las respuestas fisiológicas y emocionales propias de una situación de riesgo desaparezcan.



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Solos con nuestra soledad


Cambios de planes, pérdidas de empleo, ingresos, corrupción política y más aún, pérdidas de seres queridos, son situaciones que no nos han resultado ajenas desde marzo de 2020 con el inicio de la pandemia por SARS-COV2. Hemos ido superando retos, con nuestros distintos niveles de resiliencia, sin embargo, el encerrarnos y alejarnos del contacto humano ha incrementado la sensación de desasosiego. De hecho, varios investigadores han señalado tasas de morbilidad y mortalidad más elevadas en los adultos solitarios que en los no solitarios.

¿Por qué? ¿Qué efectos tiene en nuestro cerebro el compartir con la gente?



Sabemos que el cerebro no es solo un órgano de regulación fisiológica y emocional individual, sino que también es el órgano clave de conexiones y procesos sociales. Al ser un órgano tan complejo puede percibir dos tipos de aislamiento: el objetivo que implica la ausencia de personas, como el percibido, que se refiere a la sensación de soledad. Si bien ambos tipos de aislamiento pueden estar ligados a deterioros en la salud de las personas, se ha visto que el número y frecuencia de los contactos que una persona puede tener no son predictores de sentimientos negativos de aislamiento, pues una persona puede sentirse acompañada y satisfecha rodeada de uno o dos seres queridos pero podría llegar a sentirse sola en instituciones o familias grandes, dependiendo de la calidad de las relaciones sociales establecidas. Por este motivo, el aislamiento percibido puede resultar más perjudicial.

Un cerebro aislado presentará siempre resistencia vascular y activación hipotálamo-hipofisiara-adrenocortical. Propiciará presión alta, un menor control inflamatorio, un menor control en los ciclos circadianos (patrones de sueño), así como respuestas inmunitarias más bajas. Estudios en animales han develado también que ante el aislamiento, el cerebro tiende a presentar neurogénesis, que es la generación de nuevas células, en niveles bajos, junto con altos niveles de expresión de la hormona corticosterona en la corteza prefrontal (la hormona del estrés), así como baja proliferación celular en la amígdala, que es el núcleo de control de las emociones y sentimientos.



¿Alguien quiere pensar en los niños?


En un estudio realizado por las universidades de Alicante y Málaga con una muestra de 234 niños y adolescentes, se determinó que quienes se encontraron dentro de un grupo confinado presentaron mayores niveles de ansiedad y problemas de sueño, así como dificultades en funciones ejecutivas, mismas que permiten la integración de acciones simples para el desarrollo de otras más complejas, como la iniciación de tareas en momentos oportunos, planificación, manejo del tiempo o memoria de trabajo, indispensable para la resolución de problemas matemáticos. Sin embargo, se pudo notar que los efectos negativos resultaron siempre mayores en las niñas y niños diagnosticados con TDAH (Trastorno de déficit de atención con hiperactividad). Los efectos son mayores tomando en cuenta los tiempos de exposición de menores a pantallas, que superan las siete horas diarias. Esto debería ser tomado en cuenta para el establecimiento de políticas de vacunación, mismas que permitan a los sectores educativos volver a modalidades presenciales de forma segura, garantizando el acceso a vacunas de maestros, personal de apoyo, conductores de transporte escolar, y por supuesto, de los miembros más jóvenes de nuestra sociedad.


De lo discutido anteriormente podemos inferir una verdad que ya todos conocemos, estos tiempos no son solamente críticos para los sistemas de salud a nivel de respuesta frente a la pandemia, sino también a nivel de salud mental. Confinarnos ha sido un reto muy difícil para todos, sin embargo nuestro órgano regulador de respuestas, emociones y de networking, que es el cerebro, nos ha hecho actuar en miras del bien común y quedarnos en casa. Pero, debemos ser misericordiosos con nosotros mismos. Está bien no estar bien después de algo como lo que hemos vivido y seguimos viviendo.


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Está en nuestra naturaleza el sentir angustia frente a lo incierto. Sin embargo, aunque no tenemos la responsabilidad de cómo nos sentimos, si tenemos la responsabilidad de abrazar dichos sentimientos y actuar consecuentemente a ellos. Hablar sobre los mismos con una persona de confianza, buscar ayuda profesional de calidad, y especialmente, para quienes toman las decisiones, proveerla.

Una de las razones por las que la pandemia de coronavirus no ha parado ha sido precisamente por eso, por la negligencia y desatención que las autoridades han tenido con la gestión de servicios de salud mental, tanto para la población civil como para la primera línea, y si eso no cambia, peores cosas vendrán. Y una cosa más... con vacunas suficientes, el confinamiento podrá volverse cosa del pasado.


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Referencias:


Cacioppo, S., Capitanio, J., Cacioppo, J. (2014).Toward a Neurology of Loneliness. Psychol Bull. 140(6): 1464–1504. doi: 10.1037/a0037618


EDUforics (9 de junio 2017). Cómo desarrollar las funciones ejecutivas en educación infantil. En EDUforics: Anticipando la educación del futuro. Recuperado de: https://www.eduforics.com/es/trabajar-las-funciones-ejecutivas-educacion-infantil/


Haefely W. (1985). Biochemistry of anxiety. Ann Acad Med Singap.14(1):81-3. PMID: 2988406.


Lavigne-Cerván, R., Costa-López, B., Juárez-Ruiz de Mier, R., Real-Fernández, M., Sánchez-Muñoz de León, M., Navarro-Soria, I. (2021). Consequences of COVID-19 Confinement on Anxiety, Sleep and Executive Functions of Children and Adolescents in Spain. Frontiers in Psychology 12, 334. doi:10.3389/fpsyg.2021.565516


Navarro-Soria, I.; Real-Fernández, M.; Juárez-Ruiz de Mier, R.; Costa-López, B.; Sánchez, M.; Lavigne, R. (2021). Consequences of Confinement Due to COVID-19 in Spain on Anxiety, Sleep and Executive Functioning of Children and Adolescents with ADHD. Sustainability, 13, 2487. doi: 10.3390/su13052487


Imágenes:


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Este artículo se ha producido únicamente con fines informativos y de discusión.




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